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Arrivederci Jules!

Nueve meses ha durado la agonía. Jules Bianchi se va y nos deja un dato que e los últimos años todos habíamos obviado, la Fórmula 1 es un deporte de riesgo.

Acostumbrados a ver espectaculares accidentes en los que los pilotos salen ilesos, el espectador ha olvidado que esas personas se enfrentan cada vez que se montan en el monoplaza a la muerte, una muerte que les puede llegar a más de 300 kilómetros por hora y que por suerte a pocos atrapa.

Jules ha sido uno de los damnificados por esta peligrosidad que es inherente al deporte del motor, una peligrosidad que por mucho que se avanza, siempre estará ahí, acechando. Es cierto que en nuestros días, el riesgo es mucho menor, los sistemas de seguridad y protocolos hacen que sea muy difícil que un accidente se convierta en tragedia, pero esto confirma que no es imposible.

Hay que recalcar que Jules se salió de pista y fue a parar contra una grúa que lo frenó en seco. su cuerpo no quedó dañado pero su cerebro si, una deceleración tan brusca que le destrozó por dentro. No se podía evitar ese daño, pero sí el accidente. Una grúa en mitad de la escapatoria en esa situación era un peligro que no debió existir, un error de bulto de los encargados de la seguridad en pista.

Si hubiese una grúa mayor, desde fuera de las protecciones, que sacase a los coches, eso no habría ocurrido, y casi con toda seguridad, Jules estaría hoy en día entre nosotros, pilotando como ya lo hacía, o mejor. Hay que revisar muy bien la seguridad en pista de los deportes del motor, porque los coches son seguros, pero las condiciones externas pueden varias mucho.

 

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